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30 Diciembre 2019 Compartir

Análisis del Informe personal técnico del FMI luego de su visita a Uruguay



Según resume la evaluación llevada a cabo en Uruguay, nuestro país se encuentra en una “posición envidiable”, pero es necesario “un plan de ajuste creíble”.

El FMI realiza un análisis de cada economía de los países miembro, así tengan o no préstamos concedidos. Actualmente, Uruguay no tiene ningún préstamo concedido por el FMI, pero es miembro de la institución desde 1946.

Las evaluaciones fueron publicadas tras la misión del organismo, en el denominado “Marco del Artículo IV” donde se destaca que: “Uruguay se encuentra en una posición envidiable en muchos sentidos”, cuenta con una democracia plena, estabilidad política y solidez gubernamental, acompañado de un importante grado de cohesión social, es decir, el sentimiento de pertenencia de los miembros ante proyectos en común.

A tales características beneficiosas, se le suma además el “elevado ingreso per cápita y bajas tasas de pobreza, desigualdad e informalidad, así como la solidez del sistema financiero pese a ‘la volatilidad financiera en la región”.

No obstante, el informe también advierte que en este último período han surgido algunos obstáculos. La situación externa no ha resultado beneficiosa y no solamente a nivel global, sino también regional. La incertidumbre en el vecino país, crisis políticas y sociales del continente, así como la desaparición de los “vientos de cola”, es decir, contextos económicos favorables que ahora no persisten, traen como resultado un crecimiento más lento, tardío, bajos precios en las materias primas (recordemos que nuestro país aún depende en gran parte del sector primario) así como “volatilidad en los flujos de capitales”.

A nivel interno, “El crecimiento, la inversión y la participación laboral se ubicaron en una tendencia decreciente en los últimos años, y se acumularon desequilibrios. La deuda se incrementó y la inflación permanece fuera del rango meta”. El déficit fiscal continúa elevado, la inversión privada no crece o sólo tiene algunas inversiones puntuales, asimismo, el desempleo está teniendo problemas. Para este año, se estimó que el mismo iba a estar en torno al 8,5% cuando en años anteriores, no llegaba al 7%.

Este dato nos indica una pérdida en los puestos de trabajo de nuestra economía. La inflación (poder de compra en relación a la canasta básica) aún se mantiene superando los márgenes propuestos.

Teniendo esta información sobre la mesa, ¿qué podemos esperar?

El análisis del FMI entiende que nuestro país, a pesar de las actuales problemáticas que se han ido acrecentando, puede superar dichas barreras y mejor aún, aprovechar el entorno político consolidado, al que se suma un nuevo gobierno que asumirá en marzo del 2020 y que podrá utilizar “el impulso de la construcción de la nueva planta de UPM y de los proyectos de asociación público privados (APP) que están en agenda”.

Ya es histórico que en Uruguay, se parta de la base de un crecimiento anual del PBI entre el 2 y 5%, pero finalmente, termine siendo alrededor del 1% por las dificultades mencionadas. El FMI en este sentido, proyecta una recuperación del crecimiento que pasaría del 0,5% en 2019 a 2,1% en 2020 y a 2,5% en 2021, mientras los proyectos de inversión continúen avanzando. El crecimiento se reduciría después de 2021, una vez finalizadas estas inversiones.

Por lo tanto, sugiere que una de las medidas más importantes a aplicar será mantener la sostenibilidad fiscal. Debemos esperar una mejora en los saldos fiscales, pero lo ideal es que a la par, no se proyecte un incremento de la deuda. Los esfuerzos deberán apuntar a generar un plan de ajuste “creíble” a partir del próximo 2020, para encaminar la deuda hacia una trayectoria descendente. De continuar como hasta el momento, nuestro país podría minar su sostenibilidad y, además, comenzar a perder la confianza de los inversionistas.

Restringir el aumento del gasto corriente, preservar la inversión pública en niveles bajos, y reducir el gasto tributario (exenciones, tasas reducidas y créditos tributarios) que se estima representan casi 7% del PIB". “Un análisis de costo-beneficio podría ayudar a racionalizar algunas exenciones, en particular aquellas que benefician grupos de ingresos elevados o que no han alcanzado los resultados deseados”, sostiene el informe.

La necesidad de una reforma integral, debe incluir una re-evaluación del sistema de seguridad social para tener sostenibilidad e ingresos suficientes para generaciones futuras. Todas estas medidas deben ser efectivas, pero fundamentalmente creíbles y precisas, garantizando transparencia al ciudadano y la percepción de una mejora palpable. La proyección debería ser –según el informe- de tres a cinco años.

El sector privado tiene que respaldar el crecimiento, y si tomamos en cuenta nuevamente a las futuras generaciones: Uruguay necesita mejorar sus resultados educativos y el entorno empresarial. Además,"una reforma del gobierno corporativo mejoraría la gestión y la eficiencia de las empresas públicas, que tienen un papel clave en la economía uruguaya”.

Finalmente, en la esfera del mercado laboral, los esfuerzos deben apuntar a la creación de empleos de calidad y estables, sin dejar de proteger al trabajador. El informe sostiene que algunos de los cambios de la última ronda de negociación salarial, introdujeron consideraciones de productividad y mayor flexibilidad, representando así “un paso en la dirección correcta”. De esta manera, otorgar más flexibilidad a las empresas pequeñas o de baja productividad, y tener mayor énfasis en épocas de desaceleración, son ítems que ayudan a preservar derechos e incentivos para la creación de puestos de trabajo no sólo estables, sino también pensados para apostar a la capacidad de los trabajadores.

Información generada a partir del material del sitio: Crónicas.com.uy

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