A pesar de la proliferación de nuevas edificaciones y opciones habitacionales modernas en Montevideo, muchos siguen prefiriendo invertir en propiedades usadas, valorando su arquitectura única y su encanto histórico.
Al pasear por barrios como Pocitos, Prado, Punta Carretas, Sayago, Cordón o Ciudad Vieja, es imposible no notar las casas que evocan el Montevideo de tiempos pasados. Estas propiedades usadas se mueven con buen ritmo en el mercado inmobiliario, tanto para aquellos que buscan una vivienda como para los inversores que aprecian el valor de su historia y construcción, según señaló Matías Medina, vicepresidente de la Cámara Inmobiliaria Uruguaya.
Si bien muchas de estas propiedades requieren una inversión inicial para hacerlas habitables, Medina destaca que “hay personas que valoran la arquitectura, los amplios espacios y la calidad constructiva” que solo las propiedades de antaño pueden ofrecer. No solo las casas antiguas son codiciadas, también los apartamentos de épocas anteriores, conocidos por sus paredes gruesas y techos altos, son una opción atractiva para muchos compradores.
Un aspecto importante de este mercado es que algunas propiedades cuentan con protección patrimonial, lo que limita las modificaciones que se pueden realizar. Sin embargo, “pese a esas restricciones, se venden muy bien. Es increíble que después de 60 años siga habiendo compradores para ese tipo de propiedades“, afirma Medina.
Quiénes compran y venden estas propiedades
En general, las propiedades usadas llegan al mercado porque los dueños, en su mayoría mayores de 60 años, deciden mudarse a apartamentos más pequeños y cómodos. Por otro lado, los compradores suelen estar entre los 25 y 45 años, muchas veces familias jóvenes que buscan más espacio para criar a sus hijos y tener mascotas sin las limitaciones de vivir en un edificio.
“Buscan más comodidad para su familia, con espacio para vivir en pareja y criar a sus hijos con mayor libertad“, explicó Medina. Además de las familias, los aficionados a la arquitectura y los inversores también se interesan en este tipo de propiedades. Últimamente, ha crecido la tendencia de convertir estas casas antiguas en emprendimientos gastronómicos, lo que añade un atractivo adicional para los compradores.
Ciudad Vieja: un potencial no aprovechado
La Ciudad Vieja es un ejemplo de una zona con inmensas posibilidades para las propiedades usadas, con numerosas casas de las décadas de los 30 y 40 esperando ser restauradas. Sin embargo, a diferencia de lo que ocurre en Europa, donde los cascos históricos tienen un alto valor, esta zona de Montevideo no ha despertado el mismo interés entre los inversores.
“En Uruguay no supimos aprovechar eso y tomamos a la Ciudad Vieja como una zona corporativa, destinada más a oficinas que a viviendas“, comentó Medina. Esta percepción ha provocado que algunas propiedades estén en riesgo de demolición, y la falta de inversiones sigue siendo un problema. “Hasta que no se ofrezcan incentivos o más personas se instalen a vivir en estas propiedades antiguas, la zona seguirá siendo poco atractiva“, agregó.
La evolución de las casas a lo largo del tiempo
Las propiedades usadas muestran cómo ha cambiado el concepto de vivienda en las últimas décadas, adaptándose a las necesidades de cada generación. Por ejemplo, hoy en día es raro encontrar casas con más de tres dormitorios, a diferencia de lo que ocurría hace 100 años, cuando las familias eran más numerosas.
Medina también señaló que muchas de estas casas antiguas tienen cocinas pequeñas y, en muchos casos, garajes inexistentes o muy reducidos, elementos que reflejan cómo han evolucionado los hábitos de vida y las prioridades familiares.
Fuente: El Observador