El dólar en Uruguay no logra superar la franja de los 41 pesos, mientras crece el debate por la sobrevaluación del peso y el atraso cambiario.
El comportamiento del dólar en Uruguay en los últimos meses refleja un escenario complejo: mientras la divisa muestra debilidad en el mercado cambiario local y no logra superar con firmeza la barrera de los 41 pesos, los indicadores internacionales señalan que el peso uruguayo es la moneda más sobrevaluada de América Latina y la segunda en el mundo.
Esta paradoja con el dólar en Uruguay genera tensiones en distintos sectores de la economía, especialmente entre los exportadores, que insisten en la necesidad de un tipo de cambio más competitivo.
Una divisa que no logra despegar
De acuerdo con datos del Banco Central del Uruguay (BCU), el dólar en Uruguay cerró la última semana con una baja del 0,94%, ubicándose en 40,35 pesos. Pese a haber registrado una apreciación del 2,05% en lo que va del mes, la divisa acumula retrocesos en el año y se mantiene lejos de las proyecciones de analistas, que esperaban un valor por encima de los 41 pesos para junio y en torno a los 42 pesos hacia fin de año.
En contraste, a nivel internacional el dólar mantuvo un desempeño más sólido. El índice dólar global cerró con una ganancia semanal del 0,64%, impulsado por la incertidumbre respecto a la política comercial de Estados Unidos y las posibles decisiones de la Reserva Federal. En la región, la moneda estadounidense también se fortaleció frente al real brasileño y el peso argentino, lo que resalta aún más la desconexión con el escenario uruguayo.
El peso uruguayo, el más caro de la región
La última actualización del Índice Big Mac, elaborado por la revista The Economist, volvió a ubicar al peso uruguayo como la moneda más sobrevaluada de América Latina y la segunda a nivel mundial. Según este indicador, mientras en Estados Unidos una hamburguesa cuesta 6,01 dólares, en Uruguay su precio es de 315 pesos, lo que implica un tipo de cambio implícito de 52,41 pesos.
La diferencia con la cotización real —en torno a 40,45 pesos al momento del relevamiento— refleja una sobrevaluación del 29,6%. Ajustando el cálculo por ingreso per cápita, la distorsión es aún mayor: el peso aparece como la moneda más sobrevaluada del mundo, con un 72% por encima de lo esperado.
Este diagnóstico alimenta los reclamos de sectores productivos que hablan de un atraso cambiario estructural, ya que un peso fuerte encarece las exportaciones y resta competitividad frente a otros mercados.
Reclamos por atraso cambiario
Desde el agro y la industria exportadora se insiste en que el actual valor del dólar en Uruguay no refleja un equilibrio real. Organizaciones como la Federación Rural estiman que el tipo de cambio debería ubicarse en torno a los 54 pesos, lo que significaría un incremento cercano al 30% respecto al nivel actual.
Los exportadores advierten que mantener un peso “artificialmente caro” puede ser positivo en el corto plazo para contener la inflación, pero impacta de forma negativa en la rentabilidad del sector externo, que es clave para el ingreso de divisas al país. Esta tensión abre un debate sobre hasta dónde puede sostenerse la política de mantener el dólar bajo en relación con la evolución internacional.
Expectativas de mercado y correcciones
La Encuesta de Expectativas Económicas (EEE) del BCU había proyectado meses atrás un dólar en Uruguay por encima de los 44 pesos hacia fin de año. Sin embargo, las correcciones sucesivas de los analistas reflejan un ajuste a la baja, en línea con la resistencia de la divisa a superar los 41 pesos.
El comportamiento futuro dependerá en gran medida de las decisiones de política monetaria en Estados Unidos, la evolución de la inflación local y la capacidad del mercado uruguayo para sostener un equilibrio entre competitividad externa y estabilidad interna.
Oportunidades en un contexto volátil
Más allá de las tensiones, la actual coyuntura del dólar en Uruguay abre espacio para distintos tipos de estrategias. Para quienes cobran en pesos, un dólar relativamente bajo permite mantener el poder adquisitivo frente a bienes importados o servicios dolarizados. En cambio, para los exportadores, la situación exige una mayor eficiencia y planificación para compensar la pérdida de competitividad cambiaria.
En paralelo, el mercado inmobiliario y las inversiones en activos reales se posicionan como resguardo frente a la volatilidad del dólar en Uruguay. Con un dólar que no logra consolidar alzas, muchos inversores eligen canalizar sus recursos hacia bienes tangibles, aprovechando la estabilidad jurídica y económica del país.
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